Los
niños de este nuevo siglo son muy
diferentes a los niños de hace diez años, estos niños son desde pequeños muy
verbales, con vocabulario extenso muy parecido al de los adultos. Saben más de
todo posiblemente por la exposición permanente a los medios de comunicación
especialmente al computador; aprenden diferente, son más dinámicos e inquietos
y su atención parece estar en diferentes partes al mismo tiempo.
Desde
que nacen tienen los ojos bien abiertos y todo su desarrollo parece haberse
acelerado; exigen que se les estimule y que se hagan las cosas conforme a ellos
les parece. Los padres de estos niños se ven a gatas para seguirles el ritmo a
estos pequeños adultos.
La
necesidad de ser protagonistas en el hogar y en colegio es muy frecuente. Cada vez es una labor más difícil y agotadora
para los padres y maestros la formación de
estos pequeños y la comunicación
con ellos se vuelve compleja.
Ante
todos estos cambios los adultos encargados deben también asumir el reto de
educar y formar a estos nuevos niños para ayudarlos a convertirse en buenos
seres humanos útiles a la sociedad. Hay que hacer ajustes para lograr que
estos niños no se nos desboquen y terminen viviendo en un caos donde la
felicidad seguramente les será esquiva.
Los padre
y educadores tenemos que aceptar que estamos frente a una nueva generación. Hoy,
con más certeza que nunca debemos establecer límites claros de autoridad. Los
niños van a necesitar más estructura con mensajes de amor, más guía de los
padres, sobre todo padres armoniosos que sepan formar en valores y en
convicciones lo que permitirá mostrar a sus hijos el camino adecuado para
transitar por la vida.
Las
áreas en las que esta nueva generación demuestra mayor fortaleza son la verbal
y la tecnológica y las áreas en las que se proyectan más débiles es en la
vivencia de los valores y el manejo de sus emociones.
Es
necesario volver a abrirles espacio a la recreación en lugares abiertos ya
que estos niños permanecen encerrados
entre cuatro paredes sin posibilidades
de desarrollar adecuadamente sus capacidades motoras.
Las madres que trabajan
tendrán que sacar tiempo para dedicarle a sus
hijos, los padres igualmente tendrán que
recuperar su papel de figura que organiza y ayuda a la idealización del
yo.
Con
paso firme y sin temor tenemos que recuperar el modelo de familia que
nuevamente le dé
fuerza emocional y equilibrio a nuestros hijos. Los tiempos cambian y hay que saber cambiar con
ellos.
UN SALUDABLE DIÁLOGO
Ningún
tema debe ser evadido cuando se trata de conversar con su hijo y de ayudarle a
aclarar dudas y a orientarlo en esas etapas complejas de su crecimiento Un joven de cualquier edad
tiene muchas posibilidades de conversar con sus padres cuando estos saben
escuchar.
El diálogo debe eliminar actitudes
tales como: Juzgar, dar demasiados consejos, pretender tener todas las
respuestas, criticar, ridiculizar, ser inconsistente entre
lo que se dice y se hace, mostrarse ansioso frente a los problemas de los
hijos. El tono adecuado ayuda para que los mensajes sean más claros.
En la comunicación con los padres,
los adolescentes buscan mas su comprensión que la solución a sus problemas, por
eso la escucha y la comprensión son
actitudes determinantes que abre puertas para poder
ingresar en el Universo emocional de los Hijos; esto le
ayudará a clarificar sus ideas e inquietudes y lo llevará a encontrar sus
propias soluciones.
En este diálogo el exceso de
palabras sobra, puede también utilizar otro lenguaje muy efectivo como una
caricia, un abrazo, una guiño de ojo, una tomada de mano, una palmadita en la
espalda, un beso en la frente todo aquello que pueda expresarle lo importante que es para usted; además que
aumente los canales de comunicación y el nivel de confianza con su hijo.
Un
niño o un joven seguro de sí mismo no necesita de muletas para cruzar
por la vida, varias son las formas de estimular su AUTOESTIMA
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