Existe un método muy
sencillo para aficionarse a la lectura... ¡leer!
Como padres de familia tenemos como deber inculcar en nuestros hijos este
gusto, principalmente porque ello coadyuvará a que vean el estudio con placer y
facilitará el aprendizaje.
Aquí encontrarás unos buenos consejos... ¡aprovéchalos!
Forme
una pequeña biblioteca en la casa, aunque sea con libros de bajo costo...
incluso con libros de segunda mano. Pero escoja libros que estén al alcance de
sus hijos: literatura sencilla, poesía, divulgación científica, libros
infantiles, diccionarios, enciclopedias, etc. También déjelos escoger sus
libros cuando visiten las librerías.
Lea
en la casa para dar ejemplo a sus hijos. Usted, padre o madre de familia...
es un ejemplo que ellos seguirán.
Cada
noche aparte un tiempo de lectura familiar antes de dormir... así sean 30
minutos. Deje que sus hijos seleccionen los libros que serán leídos y deje que
sean ellos quienes lean, o bien, tomen turnos: una noche lo hace uno de los
hijos; la siguiente uno de los padres... y así sucesivamente. Pero hagan pausas
para comentar el contenido de la lectura de una página o de un capítulo corto.
Esto les enseñará a hacer lectura crítica. Si nota que un libro de plano no les
está gustando... déjelo de leer y empiecen otro.
Lea
en voz alta a los niños que aún no saben leer... pero léales de una manera
adecuada... es decir, cambiando la voz en cada personaje y gesticulando de
acuerdo con la trama del libro.
Después
de leer un libro, realice con sus hijos alguna actividad relacionada con el
tema. .
Esta actividad no sólo reforzará lo aprendido, sino que también despertará en
los niños el interés por la investigación; además, servirá para que los niños
se den cuenta de que la lectura tiene aplicación práctica.
Al
terminar la lectura del libro, dense un premio todos con un paseo o una
salida a comer fuera de casa u otra actividad que todos disfruten.
Siempre
que la ocasión lo amerite, regáleles libros... independientemente de que
les regale otra cosa también. El día del cumpleaños de sus hijos puede
regalarles un juguete o una prenda de vestir... ¡y un libro! Así se darán
cuenta del valor que usted le da a los libros. Con el tiempo... ellos llegarán
a apreciarlos tanto como usted.
Varíe
el tipo de libros que se leen en casa, a menos que sus hijos se muestren
muy interesados en un solo tema. Si es así, aliéntelos comprándoles, poco a
poco, más libros sobre ese tópico.
No
les evite ver televisión, pues si lo hace y ellos creen que es porque
'deben' leer, acabarán odiando los libros. Por el contrario, déjelos escoger
uno o dos programas televisivos diarios. Es buena idea buscar libros que tengan
alguna relación con los programas de televisión que sus hijos ven. De ninguna
manera condicione el tiempo de TV a que hayan terminado una lectura. Además,
hay canales televisivos con programas sobre ecosistema, el mundo animal, el
mundo marino, culturas antiguas, etc., que se pueden combinar incitando a los
hijos a la consulta en libros sobre dudas que surjan en lo que han visto.
Participen
en juegos de mesa que se relacionen con la lectura. También hagan
crucigramas en familia. Para ello auxíliense con una enciclopedia o un
diccionario enciclopédico.
Utilice
también revistas como material de lectura... pero escójalas con mucho
cuidado.
De
vez en cuando visiten bibliotecas públicas y aprendan todos a buscar los
libros por tema y por autor.
Aprendan
a preparar fichas bibliográficas en las que resuman el contenido de cada
libro que lean. En los libros de investigación documental se explica el
procedimiento. También el encargado de la biblioteca les puede enseñar a
preparar estas fichas, lo que les será de inmensa utilidad en sus estudios.
Permita
que sus hijos guarden donde ellos quieran los libros que les ha prestado o
les han regalado... o que ellos mismos hayan comprado con su dinero. Así, lo
verán como su tesoro. Pero, por otro lado, haga que los compartan con sus
hermanos, con el compromiso de que éstos los cuidarán como si fueran propios.
Cuando
exista una película basada en un libro (adecuada para los hijos),
prométales llevarlos a verla o rentarla en cuanto terminen de leer el libro.